martes, 28 de junio de 2011

“Aires de decepción”


A diferencia de mi novia, mi lugar favorito, claramente, no es el mall. Si para ella es algo así como una peregrinación, para mí es sólo un mero trámite. En definitiva, aplanar el centro comercial no es algo que me fascine. Ni siquiera ese argumento que la Dani menciona con tanta esperanza, acerca de la cantidad de calorías que cierto comercial de productos femeninos  solía decir que se perdían, me convence a tolerar a esa masa de gente atochada viendo vitrinas.
Por lo mismo, mientras caminábamos por el espacio Aires de Mall Plaza Vespucio esperaba descansar un poco. No es que la cara de mi novia mientras me pregunta si puede entrar a otra tienda más para ver esto o aquello, como si mi negativa fuera a impedirle que corra tras la vitrina que anuncia una increíble oferta, no sea adorable. Sin embargo, mi estómago comenzaba a rugir por la falta de comida a la hora de once. Justo en una esquina estaba una pequeña cafetería con aspecto acogedor, cuyo estilo provenzal me pareció la perfecta escusa para distraer a mi acompañante de su afán consumista.
Al elegir una mesa en el interior empezó mi primera decepción, una preciosa vitrina se veía completamente desaprovechada y, en vez de exhibir chocolates artesanales o una serie de productos que podrían sacarle partido al lugar, estaban algunos tristes adornos. Todo fue empeorando y durante largos minutos nos sentíamos ignorados, mirábamos la carta, mientras el que parecía ser el administrador del local pasaba por delante nuestro como si fuésemos invisibles. Más o menos, la octava vez que atravesó la cafetería fue el momento en que este hombre sin uniforme se  acercó para preguntarnos si habíamos elegido. Pedimos dos cafés vienés, un cheescake de frutos rojos y tostadas con palta.
Dejé pasar la primera mala impresión, pero esta vez la espera fue grotesca y la entrega de los pedidos bastante desprolija, por decir lo menos. Tras unos diez minutos nos entregaron los cubiertos. Tiempo después apareció el esperado cheescake, el que  sólo resultó traer arándanos, como si el resto de los frutos rojos no mereciesen ser incluidos en un menú de berries. Las tostadas de pan integral llevaban una palta bastante ácida y sin la correspondiente sal a elección para acompañarlas.  La falta de los cafés se hizo notar ante un pastel tan seco, que parecía ser un biscocho de queque con crema.
Es posible que si hubiese estado sólo me habría retirado poniendo una queja con el administrador, pero como suele pasar que a mi novia este tipo de cosas la compliquen bastante quería creer las escusas que ella inventaba. Que tal vez el personal era nuevo o que la máquina de cafés estaba recién comprada y no supiesen aún utilizarla, que tooooodos pueden tener días difíciles o que no importaba tanto porque apuesto que los cafés serían los mejores.
Por lo anterior, los cafés terminaron con mi paciencia. Estaban fríos, con una crema cuyo cuerpo escaseaba  y uno que otro chip de chocolate que habían arrojado arriba para decorarlo. Ni siquiera nos los entregaron junto con azúcar y cometieron el error de suponer que ambos preferíamos el endulzante, por lo que tuve que pararme para pedirle el azúcar a otra niña que apareció desde la cocina.
En lo personal, soy un amante del café y, por ende, no puedo evaluar de buena manera a esta cafetería. Considero que el servicio fue extremadamente lento y deficiente y que la preparación de los pedidos no fue la adecuada para ninguno de ellos. Definitivamente  no cumplían con lo que  la carta prometía y sólo se convirtieron en un bonito espacio con buena decoración de estilo provenzal.